Crear un fotolibro es más fácil que nunca. Crear un buen fotolibro todavía requiere un poco de reflexión. La diferencia entre ambos suele deberse a unos pocos errores recurrentes; cosas que son fáciles de evitar una vez que sabes en qué fijarte.
Incluir demasiadas fotos
Este es el problema más común y el que más repercusión tiene en el producto final. El hecho de usar más fotos no significa que el fotolibro vaya a ser mejor, ya que cuando se documentan todos los momentos, nada destaca. El libro pierde la capacidad de respirar. Una regla empírica muy útil: si no tienes claro si una foto debería estar en el libro, probablemente no debería estarlo. Haz una criba minuciosa. Los libros que más gustan suelen tener muchas menos fotos de lo planteado inicialmente.
Usar imágenes de baja resolución
Este error es problemático cuando ocurre, pero es totalmente evitable. Una foto que se ve de maravilla en la pantalla del móvil puede quedar borrosa o pixelada al imprimirse si la resolución es demasiado baja. La mayoría de las fotos de los smartphones actuales sirven perfectamente para los tamaños estándar de fotolibros, pero las capturas de pantalla, las imágenes descargadas de redes sociales o las fotos muy recortadas pueden resultar insuficientes. Presta atención a los avisos de resolución de la aplicación de Popsa antes de hacer el pedido. Están ahí por algo.
Sobrecargar las páginas
La tentación de encajar tantas fotos como sea posible da lugar a diseños donde las imágenes compiten por la atención en lugar de complementarse. Algunas páginas deberían tener una sola foto, otras dos o tres. De vez en cuando, viene bien una imagen a sangre que ocupe las dos páginas por completo. La variedad en la disposición hace que el libro sea interesante de hojear. El espacio en blanco no es espacio desperdiciado: les da a las fotos margen para destacar.
Usar pies de foto demasiado vagos... o directamente no usarlos
Una foto de un lugar sin pie de foto puede volverse un misterio en un periodo de tiempo sorprendentemente corto. Tu «yo» del futuro (y, sin duda, los futuros miembros de tu familia) querrán saber dónde era. «Vacaciones en la playa» no es suficiente. «Pembrokeshire, agosto de 2024: el día que llovió y no nos importó» es el tipo de pie de foto que hace que un libro resulte especial. Por otro lado, tampoco te pases con la extensión. Los párrafos largos compiten con las fotos; las notas cortas y específicas casi siempre funcionan mejor.
Obsesionarse con la perfección
Un fotolibro perfecto que nunca llega a imprimirse no vale absolutamente nada. Llega un momento en el que tienes que aceptar la versión que tienes delante y pulsar el botón. Siempre es mejor terminarlo que buscar la perfección absoluta, y si el año que viene quieres hacer otro, puedes hacerlo.







