Viajes
Capturar la belleza de la costa portuguesa
Mathias Fernandes, local de toda la vida en el Algarve, cuelga el dron a la mochila y redescubre el lugar que antes daba por sentado


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Mathias Fernandes, local de toda la vida en el Algarve, cuelga el dron a la mochila y redescubre el lugar que antes daba por sentado


La primera imagen en la selección de Mathias Fernandes podría ser perfectamente una postal: acantilados color óxido que se funden con un oleaje verde pistacho. Pero para el ojo detrás del objetivo, no es un recuerdo, sino una revelación.
«El Algarve es donde realmente comenzó mi amor por la fotografía», cuenta. «En cuanto cogí la cámara, el Algarve se me mostró tal y como es: bello, diverso, lleno de sorpresas».
Fernandes creció a pocos minutos de estas playas. Solo más tarde, cuando apareció ese impulso de explorar y se hizo con una Canon de formato completo y un dron, empezó a apreciar de verdad los contrastes cinematográficos de la región: arcos de arenisca dorada al amanecer, grutas marinas color marfil que solo se descubren con la marea más baja o barcas de pesca que salpican el Atlántico como confeti.
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
A Fernandes le gusta decir que el Algarve es a la vez su aula y su lienzo.
«Di por sentadas estas playas hasta que la cámara me enseñó a mirar de verdad», admite. «Esa sensación de descubrimiento es lo que impulsa mi trabajo hasta hoy».
Hoy recorre la costa al amanecer, a veces solo, otras con fotógrafos y creativos que lo encuentran por Instagram. Cree que el Atlántico premia la constancia: «Siempre hay otro ángulo, otro color».
La luz es siempre lo que más observo.
Su hora favorita es ese filo de tiempo justo después del amanecer, cuando los acantilados se tiñen de rosa y la brisa aún no ha revuelto el agua. Desde el aire compone estudios casi abstractos de forma y sombra. A ras de suelo prefiere distancias focales largas, que le dan «imágenes más limpias y con mucha compresión», un truco que aplana la perspectiva y convierte los farallones en esculturas monumentales.
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
El flujo de trabajo de Fernandes varía entre la planificación meticulosa y el instinto. Pasa «cientos de horas en Google Maps», estudia cartas de mareas con calculadoras solares, y aun así disfruta cuando una ola inesperada lo empapa en una mañana que parecía tranquila.
«La preparación es lo que lleva a un buen resultado», dice entre risas. «Pero también hay que dejar espacio para lo inesperado».
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Una tarde cerca de Carrapateira, el viento soplaba con tanta fuerza que tuvo que calentar las manos contra el motor de un coche antiguo que había alquilado como atrezzo. Disparaba cada vez que la arena en suspensión se iluminaba con la luz rasante del atardecer. Otro día conoció a uno de sus héroes, un fotógrafo de surf alemán, solo porque ambos eligieron la misma cala remota con la marea baja.
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Al final, Fernandes espera que sus fotos sirvan para algo más que llenar murales de inspiración en Instagram. «Mi objetivo es animar a otros a salir ahí fuera y exprimir la vida al máximo», dice. Un lema tan amplio como sus horizontes.
Da igual si te encuentras al borde de un acantilado en Cabo de São Vicente u hojeas estas 21 imágenes un martes gris camino al trabajo. La invitación es la misma: mira con más atención, persigue la luz y no des por sentado lo que tienes delante.
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
Para los viajeros que deseen replicar esa magia, Fernandes comparte tres reglas básicas:
Observa las mareas. La marea baja deja al descubierto grutas con aires catedralicios que normalmente están sumergidas.
Apunta hacia el oeste al atardecer y hacia el este al amanecer. Los acantilados actúan como reflectores naturales y duplican la calidez.
Aprovecha la luz intensa del mediodía si buscas un enfoque documental. «Con una buena edición se consigue ese aire analógico y veraniego tan bonito».

Foto: Mathias Fernandes

Foto: Mathias Fernandes

Foto: Mathias Fernandes
Foto: Mathias Fernandes
En cuanto al equipo, prefiere no complicarse: una Canon R6 Mark II con objetivo 24-105 mm por su versatilidad, un 100-400 mm para conseguir compresión y un dron DJI Mavic 3 Pro para tomas aéreas espectaculares. Todo lo demás cabe en una sola mochila, algo clave cuando una ola sigilosa intenta tumbar al fotógrafo y su equipo.