Viajes
Los lugares más románticos del mundo para hacer fotos
De paisajes urbanos icónicos a islas con encanto y calles llenas de historia: estos diez destinos fotogénicos están hechos para enamorar


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De paisajes urbanos icónicos a islas con encanto y calles llenas de historia: estos diez destinos fotogénicos están hechos para enamorar


Por muy subjetivo que parezca el concepto, hay destinos que gritan «romanticismo» más que otros. Tal vez sea porque ofrecen paisajes que dejan sin aliento, estimulan los sentidos o despiertan una profunda sensación de asombro. O quizá se trate de lugares con historia, vinculados al amor desde hace siglos e inmortalizados en cuadros, poemas y canciones. Fotografiar estos rincones permite volver de inmediato a ese momento y conservar experiencias profundamente significativas de forma visual.
Aunque la idea de lo romántico sea subjetiva, hay destinos que simplemente lo gritan a los cuatro vientos. Algunos dejan sin aliento, despiertan los sentidos o provocan un asombro difícil de explicar. Otros están cargados de historia y llevan siglos asociados al amor: lugares que han inspirado poemas, canciones y obras de arte durante generaciones. Fotografiar estos escenarios puede transportarte de inmediato a ese instante y ayudarte a conservar en imágenes vivencias que significan mucho para ti.
Tanto si buscas un lugar inolvidable para el compromiso, un destino de luna de miel o simplemente un rincón donde crear recuerdos duraderos con alguien especial, aquí te presentamos diez de los lugares más románticos del mundo: un lienzo en blanco para tu propia historia de amor.
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Puede que incluir la Ciudad del Amor suene a tópico, pero su perfil urbano con agujas góticas, tejados gris pizarra, bulevares haussmannianos y, por supuesto, la silueta de la Torre Eiffel está inevitablemente ligado a la idea de romance. Las mejores vistas están, sin duda, en las zonas altas. Basta con subir por Montmartre hasta la Basílica del Sacré-Cœur. Si miras hacia el sur desde ahí, verás una panorámica que abarca la Torre Eiffel, Notre Dame, el Panteón y el Centro Pompidou. Si llegas temprano, con la luz suave de la mañana, evitarás las multitudes y verás un París más íntimo.
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Capital de Japón durante más de mil años, Kioto cautiva con su mezcla envolvente de tradición y modernidad. Es una ciudad ideal para perderse entre templos, santuarios y jardines que han marcado sus barrios durante siglos. Entre sus rincones más románticos están el bosque de bambú de Arashiyama, donde los árboles altísimos se arquean hasta formar un túnel natural, y el impresionante pabellón dorado de Kinkaku-ji, cuyo reflejo brilla sobre un estanque en calma. Si planeas el viaje entre marzo y mayo, podrás coincidir con la temporada del sakura, cuando los cerezos en flor tiñen la ciudad de un rosa vibrante.
Pocos pueden resistirse al poder romántico de una puesta de sol, y la isla volcánica griega de Santorini presume de algunas de las mejores del mundo. Desde lo alto de la caldera, sobre laderas abruptas que caen al mar, puedes ver cómo el sol se esconde en el horizonte mientras su reflejo se despliega sobre el mar Egeo. Aunque el fotogénico pueblo de Oia se llena en verano, merece la pena explorar otros puntos como Fira, Imerovigli o Pyrgos. También puedes ir en temporada media, cuando los espectaculares atardeceres de Santorini se disfrutan sin multitudes. Prueba un objetivo gran angular para captar toda la amplitud del paisaje y experimenta con la composición incluyendo las emblemáticas casas blancas como elemento en primer plano.
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Los paisajes espectaculares de la isla de Skye ofrecen una visión del romanticismo mucho más salvaje. Situada frente a la costa oeste de Escocia, esta isla parece sacada de un cuento, con sus formaciones rocosas escarpadas, fiordos marinos y calas escondidas. En la zona noreste, el pináculo de granito del Old Man of Storr es su vista más emblemática, y se deja fotografiar mejor a primera hora, cuando el sol empieza a bañar los acantilados e ilumina las colinas cercanas. El ascenso hasta los miradores del cordal es empinado, y el clima cambiante puede complicar aún más la visita, pero si el día acompaña, el resultado fotográfico roza lo sublime.
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Aguas turquesas que brillan, playas de arena blanca bordeadas de palmeras y arrecifes de coral en abundancia: no es difícil entender por qué las Maldivas ocupan siempre un lugar entre los destinos de luna de miel más populares del mundo. En este conjunto sublime de islas en el océano Índico, los retiros románticos con villas sobre el agua, cruceros al atardecer y cenas a la luz de las velas en la playa ofrecen infinitas oportunidades para capturar momentos inolvidables, estés donde estés. Aunque el sol del mediodía es ideal para resaltar los intensos colores del mar al reflejarse sobre la arena blanca, la luz suave de la hora dorada convierte cualquier rincón en un escenario mágico, suaviza las sombras y crea condiciones perfectas para retratos favorecedores.
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La Provenza, en el sur de Francia, ha sido fuente de inspiración para generaciones de artistas y hoy conserva intacto su encanto evocador. Sus pueblos de mercado, los pinares y una costa impresionante ofrecen escenas fotogénicas a cada paso. En verano, además, hay otro motivo para visitarla. Entre mediados de junio y agosto, los campos de lavanda estallan en color y llenan el paisaje de tonos morados intensos, sobre todo en el altiplano de Valensole y la región del Luberon. Estas vistas, que parecen salidas de un cuadro impresionista, también inspuran un aroma inconfundible. Para aprovecharlas al máximo en tus fotos, basta con alinear las hileras de lavanda para dirigir la mirada hacia el punto exacto que quieras destacar.
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Cada otoño, los días despejados y las noches frescas anuncian la llegada de un espectáculo natural impresionante. Los estados del noreste de Estados Unidos se cubren de rojos, dorados y naranjas intensos cuando los árboles comienzan a perder sus hojas, en un cambio constante que alcanza su punto álgido entre finales de septiembre y mediados de octubre. Uno de los mejores lugares para disfrutar de este paisaje es Stowe, en Vermont, donde las laderas boscosas de las Montañas Verdes crean un fondo mágico. Otra opción inolvidable es recorrer los 56 kilómetros de la Kancamagus Highway, entre Lincoln y Conway, una carretera que atraviesa densos bosques y ofrece escenarios infinitos para una sesión de fotos romántica.
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Déjate enamorar por los callejones estrechos y los tonos cálidos de terracota de la medina de Marrakech. Pasear al atardecer por sus zocos laberínticos, mezquitas y patios escondidos es una de las experiencias más evocadoras que puede ofrecer un viaje. Un poco más allá de la medina se encuentra otro lugar lleno de romanticismo: el Jardín Majorelle, convertido en un oasis azul cobalto por el diseñador Yves Saint Laurent. La arquitectura art déco y morisca enmarca una fascinante colección de especies del desierto, con contrastes visuales que dan lugar a fotografías inolvidables.
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Con sus pueblos en tonos pastel que se derraman por laderas escarpadas hasta el mar y sus calles impregnadas de jazmín y limón, la Costa Amalfitana es un espectáculo para los sentidos. Desde panorámicas a gran altitud y escenas playeras hasta rincones escondidos y vistas impresionantes desde el agua, los fotógrafos encontrarán inspiración en cualquier época del año. En primavera, las flores silvestres cubren las colinas de colores vivos. En verano, las playas se llenan de sombrillas multicolores mientras los viajeros acuden a sus enclaves más emblemáticos. Y en los días claros del invierno, la atmósfera resalta la intensidad turquesa del mar.
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Es imposible no enamorarse de la carismática capital cubana. Bajo el calor caribeño y envuelta en una explosión de color, La Habana está llena de arquitectura colonial de tonos vivos, músicos callejeros y clásicos coches americanos que recorren sus calles, como si cada rincón fuera una escena de película. Pero es al atardecer cuando la ciudad realmente cobra vida. Tanto locales como visitantes se reúnen en el Malecón, ese paseo marítimo orientado al oeste donde la vida se despliega a todo color mientras el sol se acerca al horizonte. Es el momento perfecto para capturar su romanticismo y energía con la luz dorada del ocaso, encuadrando el perfil urbano y el cielo rojizo entre las siluetas alargadas de familias y amigos sobre la curva del malecón.