Fotografía
Conoce a la experta: descubre los secretos de la fotografía de vida salvaje con Bella Falk
Desde la preparación y la planificación hasta la seguridad y los ajustes, descubre cómo aprovechar al máximo tus fotografías en la naturaleza


Fotografía
Desde la preparación y la planificación hasta la seguridad y los ajustes, descubre cómo aprovechar al máximo tus fotografías en la naturaleza


El trabajo fotográfico y los textos de Bella Falk sobre viajes y vida salvaje han aparecido en medios de referencia como National Geographic Traveller, BBC Travel, Lonely Planet y The Telegraph, además de en su blog personal, Passport & Pixels. Desde hacer la maleta para una expedición hasta enfrentarse a la meteorología cambiante o seguir prácticas éticas en el campo, Bella tiene muy claro lo que implica fotografiar la vida salvaje.
«Puedes presentarte, disparar a lo que tengas delante y cruzar los dedos. Puede que consigas buenas fotos. Pero también ayuda mucho imaginar antes las imágenes que quieres lograr y estar atento a cuándo surgen esas situaciones», explica. Y si lo cuenta alguien con tanta experiencia en fotografía de vida salvaje, vale la pena escucharla.
Foto: Bella Falk
Desde pequeña me ha fascinado la fotografía. En el colegio me apunté al cuarto oscuro, construí una cámara estenopeica y aprendí a fotografiar con carrete, antes de que existiera lo digital. Para mi 19º cumpleaños, mi madre me sorprendió con una Canon EOS 300 SLR y, aunque me hacía ilusión, me sentía un poco culpable porque no sabía cómo usarla. Durante mi semestre en la Universidad de Granada disparé rollos de película y anoté los ajustes para aprender por mi cuenta.
La fotografía era un hobby, pero todo cambió cuando empecé a trabajar como productora de televisión en Lonely Planet. Un día le dije a mi jefa que también sabía escribir y hacer fotos. Me pidió una prueba, así que lancé mi blog de viajes, Passport & Pixels. Aprendí SEO, gané premios y empecé a proponer temas a distintos medios. Cuando los contratos de televisión empezaron a disminuir, ese proyecto paralelo pasó a ser mi principal espacio creativo.
Crecí en el campo, y durante los paseos familiares veíamos zorros y tejones. Desde entonces, la naturaleza me ha fascinado. No soy de ciudad. Siempre elijo destinos poco transitados y salgo a pie con la cámara al hombro. Viajes como el que hice a las Galápagos o mi primer safari en el Parque Nacional Kruger, a los veintitantos, terminaron por consolidar esa pasión.
En lo profesional, combiné la realización de documentales para cadenas como Discovery y la BBC con el desarrollo de mi blog. Al mismo tiempo, empecé a moverme, a conocer gente del sector y a presentar propuestas de historias y fotografías sobre vida salvaje. A medida que Passport & Pixels creció y los encargos de televisión se redujeron, empecé a volcarme más en la fotografía y la escritura centradas en la naturaleza.
Foto: Bella Falk
Se necesita paciencia y conocimiento del sujeto. Los verdaderos profesionales de la fotografía de vida salvaje pasan semanas enteras en escondites o regresan temporada tras temporada para conocer bien a los animales. Como yo vivo en Londres, cuando viajo dependo de guías que saben dónde están los animales y cómo se comportan. Una vez en el lugar, tomo asiento en silencio y espero a que los animales se tranquilicen. Solo entonces se pueden presenciar interacciones reales. La suerte influye, pero estar preparado, mantener la atención y tener paciencia marca la diferencia.
Foto: Bella Falk
Estaba de safari en el Parque Nacional Tsavo, en Kenia, durante la estación seca. En las cabañas de Kipalo Hills se rellena a diario las pozas de agua, y una mañana vi cómo el conductor se subía al camión cisterna, abría el grifo… y, justo en ese momento, un elefante se acercaba para beber mientras el agua aún caía. Capturé la escena: el hombre observaba al elefante mientras el agua resonaba en la garganta del animal. Esa foto llegó a la selección final del concurso Wildlife Photographer of the Year. Sin duda, uno de los encuadres que más recuerdo.
Foto: Bella Falk
Foto: Bella Falk
El clima es uno de los grandes retos. En la estación seca, el polvo puede dañar el equipo; cuando llueve, te empapas y los animales desaparecen. En una caminata para ver gorilas en Uganda, con lluvia torrencial, protegí el equipo con doble envoltorio y se lo entregué a un porteador para poder concentrarme en el ascenso. Justo cuando encontramos a los gorilas, la tormenta paró y las gotas sobre su pelaje crearon una imagen impresionante.
Con el tiempo entendí que hay que aceptar los elementos: el polvo da un tono dorado dramático, la lluvia transforma el paisaje en un mar de verde intenso con cielos cargados de atmósfera. El peso del equipo también cuenta. En África, los aviones pequeños y las caminatas largas obligan a reducirlo al mínimo. Siempre toca decidir qué llevar y qué dejar atrás.
Foto: Bella Falk
Foto: Bella Falk
Siempre llevo dos cámaras sin espejo. Así evito cambiar de objetivo en condiciones difíciles o en medio de la acción. Uso una Canon R5 con zoom 100–500 mm para primeros planos, y una R6 Mark II con un 24–70 mm para capturar el entorno. Las pantallas abatibles de la serie R y el enfoque automático al ojo del animal marcan una gran diferencia.
Para quienes se inician, una buena cámara sin espejo o réflex con controles manuales y un zoom versátil es más que suficiente. Los modelos básicos ya permiten ajustar la apertura para lograr fondos desenfocados y elegir velocidades de obturación rápidas para congelar el movimiento. Aunque los móviles mejoran cada vez más, aún no permiten controlar todos los ajustes.
Foto: Bella Falk
Tengo un disparador remoto, pero lo uso sobre todo en exposiciones largas, como en cascadas o cielos nocturnos, o para autorretratos. El obturador silencioso puede evitar que los animales se asusten, aunque suelo dejarlo activado. Así oigo cada disparo y evito hacer decenas de fotos por error. Si el silencio es realmente importante, lo desactivo, pero normalmente el sonido del obturador me ayuda a disparar con intención.
Foto: Bella Falk
En safaris conocidos confío en los guías. Cuando se trata de destinos nuevos, como en mi primer viaje al Ártico, reviso el trabajo de otros fotógrafos, las listas de finalistas en concursos y cuentas de Instagram. Así puedo imaginar las fotos que quiero conseguir antes de llegar. Tener objetivos concretos sobre el tipo de imágenes que busco me ayuda a centrarme, incluso cuando todo resulta abrumador, y también me orienta a la hora de elegir objetivos, horarios y ubicación.
Foto: Bella Falk
Foto: Bella Falk
La ética es fundamental. Siempre viajo con guías de confianza y respeto sus indicaciones: no salirse de los caminos, mantener la distancia, no acosar ni alimentar a los animales, no usar drones y evitar cualquier actividad que los explote. Suelo preguntar en los alojamientos cómo garantizan el bienestar animal y nunca apoyo prácticas como montar elefantes o posar junto a animales en cautividad. Formular preguntas y compartir opiniones ayuda a mejorar los estándares y a reducir el impacto.
Foto: Bella Falk
Foto: Bella Falk
Si puedes controlar tu cámara de forma manual, abre bien el diafragma para lograr una profundidad de campo suave y enfoca siempre al ojo del animal. Los ojos son lo que más conecta con quien mira.
Aplica la regla de los tercios y coloca al sujeto en uno de los puntos de intersección. Siempre que puedas, colócate a la altura de los ojos del animal. Agáchate o apóyate con cuidado, por ejemplo en la puerta de un coche, pero sin ponerte en peligro. Y no sientas que siempre tienes que hacer un primer plano ajustado. Mostrar parte del entorno o un gesto del animal puede contar una historia más potente. A veces, un encuadre más abierto impacta más que un plano cerrado.