Saltemos al presente: Lu y su esposo Adam anunciaron la feliz noticia de que esperaban un bebé: ¡un niño! Así que mis padres y yo volamos desde Londres, Hong Kong y Nueva Zelanda para conocerlo en Sídney y celebrar el cumpleaños de mi hermana juntos. Llevé mi cámara de confianza y una vieja cámara de vídeo para grabar a Lu y su nueva familia.
Conocer a Otis, el bebito, me hizo explotar de amor. Cuando Lu me lo puso en brazos, ambas rompimos a llorar. Era tan fuerte... Uno de los momentos más importantes de nuestras vidas y ambas lo sentimos. Sostenía esa pequeña bolita y pude verlo de cerca. Vi los rasgos que heredó de Lucy y los de Adam, y pensé que incluso se parecía un poco a mí. Su padrino Ryota y yo queríamos darle a Otis un regalo muy británico, así que compramos un jersey tejido de la marca Shrimps. Verle pasar los bracitos por las mangas amarillas hizo que ambas volviéramos al moco tendido; a lo largo de los años habíamos hecho eso con innumerables muñecos y ositos, y ahora lo hacíamos de verdad, con este nuevo y perfecto miembro de la familia.
Al ver a mi hermana coger a su hijo y mecerlo con tanta naturalidad, me maravillé de lo que había crecido. Parecía haber nacido para ser la madre de Otis y él aún no sabía lo afortunado que era de tener a Lucy y Adam como padres. Nos quedamos en la habitación bailando al ritmo de la canción «Man I Need» de Olivia Dean, dándole a Otis una muestra de lo que le esperaba: una vida de actuaciones y vídeos musicales artísticos, en el núcleo de la vida compartida de su madre y su tía, dos niñas peculiares de los 90. Mientras bailábamos, con Otis en sus brazos y sus manitas en las mías, comprendí que ese día marcaba el inicio de nuestro próximo gran capítulo: la edad adulta.