Viajes

Tradiciones populares y paisajes naturales de Suecia

Coronas de flores, palos de mayo y altramuces que se extienden hasta el horizonte: el viaje de una fotógrafa por Suecia durante el Midsommar, cuando la hora dorada dura toda la noche

Red-haired woman with eyes closed in a dry grass field, a single reed tucked in her hair.

Emma Lavelle

Fotógrafa y redactora

17 Mar, 20265 min

Tradiciones populares y paisajes naturales de Suecia
Tradiciones populares y paisajes naturales de Suecia

Imagínalo: casas de madera de color rojo de Falun, el humo elevándose desde saunas de madera situadas junto a lagos tranquilos, extensiones infinitas de altramuces de color violeta y gente ataviada con trajes tradicionales bailando alrededor de un palo de mayo, con coronas de flores recién recolectadas en sus cabezas. Suecia en Midsommar es un sueño pastoral donde todo el mundo parece abrazar antiguas tradiciones. Los folkdräkter (trajes regionales), que incluyen desde vestidos y chales bordados hasta gorros, cinturones y cintas decorativos, salen de los armarios, las casas se engalanan con follaje, se cantan a pleno pulmón las canciones populares favoritas de la infancia y se preparan banquetes interminables.

Foto de Emma Lavelle

Tras años admirando estas celebraciones desde la distancia, el pasado junio emprendí un viaje de dos semanas para experimentar el Midsommar sueco por mí misma. Entrando por Estocolmo y saliendo por Gotemburgo, mi viaje por carretera de 800 km recorrió el archipiélago, me llevó a una cabaña flotante en medio de un lago, me permitió descubrir una villa costera del siglo XIX, y me brindó la oportunidad de establecerme en Dalarna (la «Suecia en miniatura») durante las festividades del Midsommar propiamente dichas. Estaba en mi elemento, capturando desde artesanías transmitidas de generación en generación hasta serenos paisajes naturales, disfrutando de horas doradas interminables en una tierra donde el sol apenas se pone en esta época del año. ¡Casi no pude soltar la cámara!

Coastal home

Foto de Emma Lavelle

Foto de Emma Lavelle

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Mi viaje comenzó en el archipiélago de Estocolmo, que está formado por más de 30.000 islas e islotes. Mi novio y yo nos adaptamos rápidamente a un estilo de vida más sencillo: alquilamos una casa de verano tradicional y algo decadente en Boda, en la isla de Värmdön, durante un par de noches. Sin Wi-Fi y con instalaciones muy básicas (como una ducha de agua fría al aire libre), pasamos los días explorando las islas vecinas en ferry, atreviéndonos con chapuzones gélidos en el mar Báltico y leyendo nuestros libros bajo el sol de la tarde. Durante la hora dorada, deambulé por la isla con mi cámara y un teleobjetivo, capturando cabañas pintorescas y a los ciervos locales, lo que requería quedarse completamente inmóvil esperando a que entraran en mi encuadre.

Foto de Emma Lavelle

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Desde Boda, cogimos un coche de alquiler para emprender el viaje de cuatro horas hacia el norte, hasta Dalarna, el hogar de las celebraciones del Midsommar sueco y donde se originaron estas tradiciones. Centrada alrededor del lago Siljan, el séptimo más grande de Suecia, esta región apacible y bucólica alberga la fauna más esquiva del país (lamentablemente no avistamos osos, alces, lobos ni linces) y una serie de pueblos y aldeas encantadores. Nos alojamos en el pueblo de Tällberg, en lo alto de una colina, donde nos vimos inmediatamente envueltos en los preparativos del Midsommar. Cada mañana, paseaba por prados de flores silvestres, a través del bosque y junto a infinitas matas de altramuces de color violeta hasta la orilla del lago para dar largos paseos cerca de las aguas poco profundas. A mi alrededor, la gente del pueblo decoraba los midsommarstång (palos de mayo), colgando adornos naturales en sus jardines y recogiendo flores de altramuces para llenar jarrones. En las tardes bañadas por el sol, capturé estas flores violetas meciéndose con la brisa y pintorescas cabañas de madera envueltas en un resplandor dorado. El solsticio de verano es realmente el mejor momento para fotografiar Suecia; los días largos culminan en horas doradas persistentes que son ideales para retratar la exuberante flora y fauna, y las casas bellamente decoradas.

Foto de Emma Lavelle

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Una tarde, conduje por un camino de grava aparentemente interminable hasta la pequeña aldea de Dala-Floda, donde me reuní con la arquitecta y autora de The Forest & Craft, Pernilla Wåhlin Norén, y la anticuaria Anna-Karin Jobs Arnberg en la casa de verano de Pernilla. El dúo demostró sus artesanías tradicionales especializadas: Pernilla tejía hojas para crear lámparas botánicas y guirnaldas, e incorporaba frágiles flores de papel en sus diseños orgánicos. Por su parte, Anna-Karin mostraba su colección de bordados locales Påsöm en coloridos trajes regionales, tanto en la ropa creada por ella como en piezas antiguas. Trabajando con mi objetivo para retratos y una apertura amplia, me centré en sus manos y en los detalles minuciosos de sus creaciones, y disfruté de esta oportunidad que me permitía capturar a expertas artesanas en pleno trabajo.

Foto de Emma Lavelle

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La mañana de Midsommar, me uní a una familia local para recoger flores silvestres en el prado. Se nos unieron sus vecinos mientras cortábamos geranios, margaritas y el vaporoso perifollo verde (hundkäx en sueco, que se traduce literalmente como «galleta para perros»), y regresamos con cestas rebosantes a un jardín de maravillosas aromas para crear nuestras propias coronas de flores para las festividades. Las típicas coronas (llamadas midsommarkransar) se crean sujetando los elementos recolectados a una base de alambre mediante hilo de floristería y atando una cinta estampada, que se sujeta a la corona con un lazo en la base. Llevé la mía con orgullo durante todo el día y usé mi teleobjetivo para acercarme y capturar mis diseños favoritos desde la distancia; me atrajeron las creaciones extravagantes fabricadas con flores de altramuces, nubes de perifollo y margaritas en plena florescencia.

Foto de Emma Lavelle

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Cada midsommarstång, o palo de mayo, es único, puesto que está cubierto de decoraciones simbólicas y ramos de flores. Incluso la aldea más pequeña levanta su palo de mayo, y los asentamientos más grandes como Tällberg cuentan con varios. Al ritual de levantar el poste le sigue la multitud reuniéndose en círculos concéntricos a su alrededor mientras la banda comienza a tocar. Se bailan danzas similares al ceilidh gaélico, con canciones como Små Grodorna («Las ranitas»), y la alegría dura varias horas. Luego, los participantes se retiran gradualmente a la intimidad de sus propios jardines para gozar de banquetes suntuosos. Me mantuve un poco apartada de las celebraciones para observar, buscando un punto de vista desde el cual pudiera acercarme con mi objetivo y capturar la acción. Para ello, utilicé una velocidad de obturación rápida para capturar con nitidez cada movimiento de los bailes. Durante los dos días siguientes, recorrimos la región de pueblo en pueblo, admirando las variaciones en los trajes, los bailes y los midsommarstång. Tuve la suerte de contar con el apoyo de la oficina de turismo local mientras cubría un par de encargos de unas revistas, pero si te alojas en cualquier hotel de la zona, podrán indicarte numerosas celebraciones en las que unirte o simplemente observar.

Foto de Emma Lavelle

Cuando las festividades llegaban a su fin, condujimos hacia el sur, hacia Gotemburgo, deteniéndonos un par de días en Värmland. Regresábamos a un destino muy querido de una aventura sueca anterior: Naturbyn, una «aldea natural» lejos del mundanal ruido que consta de casas en los árboles, cabañas rústicas y dos cabañas flotantes a las que solo se llega en canoa. Allí pasamos dos días maravillosos explorando el lago, cocinando al fuego de leña y nadando entre nuestra cabaña y la sauna en la orilla. Es un lugar verdaderamente básico (el agua se recoge de un manantial en el bosque, las cabañas se iluminan con velas y el lago es tu bañera), pero la recompensa es un silencio absoluto y cielos nocturnos magníficos. Mi mayor dificultad al fotografiar las cabañas con mi cámara fue navegar por el lago en la canoa, ¡intentando no caer al agua mientras enfocaba!

Foto de Emma Lavelle

Finalmente, nuestra última noche en Suecia la pasamos en Villa Sjötorp, una casa de huéspedes histórica bellamente diseñada y situada en lo alto de una colina en las afueras del pueblo costero de Lyckorna. Este hotel de catorce habitaciones, que antiguamente había sido una casa particular, ha permanecido en la misma familia durante generaciones. Sus habitaciones, decoradas con encanto, muestran muebles suecos antiguos y alféizares llenos de geranios en macetas, mientras que la terraza cubierta en la parte trasera de la casa era un lugar idílico para capturar la puesta de sol de nuestra estancia sueca. Sentada allí, saboreando una copa de vino que me rellenaban constantemente, hice las mejores fotos de todo el viaje: las islas del archipiélago mostrándose en distintas capas durante el descenso del sol y reflejándose en el agua tranquila.

Ya estoy soñando con otro verano sueco con mi cámara (Gotlandia es mi siguiente objetivo), capturando playas escarpadas, casas de colores primarios, flora autóctona y esa luz dorada persistente. A pesar de reconocer el atractivo de los inviernos nórdicos, son los veranos escandinavos los que me seguirán atrayendo más hacia el norte.

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