El problema con las fotos familiares no es que no haya suficientes, sino que a menudo hay demasiadas, repartidas en demasiados lugares y sin una estructura evidente. Antes de empezar el proceso de diseño, vale la pena dedicar tiempo a la organización: una biblioteca de fotos bien clasificada marca la diferencia entre un fotolibro del que te sientas orgulloso y uno que abandones a la mitad.
¿Qué hace que un fotolibro familiar sea bueno?
Los mejores fotolibros familiares tienen un hilo conductor claro. Un álbum sobre el primer año de tu hijo se lee de forma muy diferente a uno sobre una década de vacaciones familiares, o a un regalo para un abuelo que quiere ver crecer a sus nietos. El enfoque no tiene por qué ser muy limitado, pero debe existir. Los fotolibros familiares más emotivos suelen tener un punto de vista centrado en un momento o celebración en particular. Esa claridad da forma a todo lo que viene después, incluyendo qué fotos incluir y cómo se estructuran las páginas.
Encuentra las fotos de las que te has olvidado
Las fotos familiares tienen tendencia a dispersarse. Las de 2015 están en un teléfono viejo; las de Navidad están en un grupo de WhatsApp; las del primer cumpleaños de tu hijo están en el carrete de tu pareja. Antes de empezar a seleccionar, reúne todo en un solo lugar: un álbum compartido, una carpeta en tu escritorio, una biblioteca en la nube. Lleva tiempo, pero es un tiempo bien invertido. Y ya que estás en ello, pregunta a otros miembros de la familia. Los abuelos, hermanos, tíos y tías suelen tener fotos que nunca has visto y, lo que es mejor, fotos en las que tú también sales en el encuadre en lugar de estar detrás de la cámara.
Clasifica antes de seleccionar
Una vez que todo esté en un solo lugar, clasifícalo cronológicamente antes de hacer cualquier otra cosa. Es mucho más fácil ir recortando sobre una línea de tiempo que intentar imponer orden en una colección caótica. Haz una primera pasada, no para seleccionar las imágenes finales todavía, sino simplemente para eliminar los descartes obvios, como duplicados, tomas borrosas y fotos en las que todo el mundo aparece con los ojos cerrados. Probablemente verás que todavía tienes muchas más de las que necesitas, lo cual es un problema fantástico. En una segunda pasada más estricta es donde empezarás a elegir las fotos definitivas.
Estructura en secuencias, no en tomas individuales
El instinto nos pide elegir la mejor foto individual de cada ocasión. Pero los fotolibros funcionan mejor cuando piensas en secuencias cortas: dos o tres imágenes que muestren el antes, el durante y el después de un momento. Un cumpleaños, unas vacaciones o el primer día de colegio tienen un arco natural. Hacer tu selección con eso en mente aporta ritmo a las páginas y hace que el fotolibro presente movimiento, en lugar de ser una simple exhibición. Una sola imagen destacada puede requerir una página entera, mientras que una secuencia de tres se merece una doble página.
No te olvides de las fotos tranquilas
Las fotos en las que la gente se detiene más tiempo en los fotolibros familiares rara vez son las más preparadas. Son los momentos intermedios: alguien dormido en el sofá, un niño concentrado al máximo en algo, una comida a medio terminar, un jardín en una estación determinada. Estas fotos aportan textura e intimidad al álbum. Asegúrate de incluir algunas de cada periodo que vayas a cubrir, incluso si no parecen valiosas a primera vista. A menudo resultan ser aquellas de las que todo el mundo termina hablando.
Diseñar tu fotolibro familiar
Una biblioteca bien organizada hace que el proceso de diseño sea mucho más sencillo. Cuando tus fotos están clasificadas cronológicamente, agrupadas en secuencias y reducidas a las que realmente importan, la estructura del fotolibro tiende a revelarse por sí sola. Para obtener orientación sobre cómo elegir el tamaño, formato y diseño adecuados para un fotolibro familiar, echa un vistazo a nuestra colección familiar, donde encontrarás todo lo que necesitas saber.







