Historias

La foto que me cambió: reflexiones en el lago Como

Inspirada por fotos de vacaciones de los años 80 de su madre y sus tíos, la periodista y fotógrafa Gina Jackson visita Italia para explorar familia, identidad y pertenencia

A collection of scattered photographs, including a group portrait and scenic views of a city skyline and a mountain.
A collection of scattered photographs, including a group portrait and scenic views of a city skyline and a mountain.

Hay una foto (en realidad, una colección de fotos) que ha moldeado, y sigue moldeando, la forma en que veo los viajes, la identidad y el sentido de pertenencia. En estas imágenes, mi madre está de vacaciones con sus hermanos, cuyas edades abarcan los años entre la infancia y la adolescencia. Mi querida abuela está detrás de la cámara, capturando esos momentos fugaces.

Las vacaciones glamurosas ciertamente no eran una parte habitual de la infancia de mi madre. De hecho, las oportunidades de viajar eran relativamente raras. En los años 80, ver a una familia china de vacaciones en Europa habría sido bastante inusual, especialmente una familia china que viniera de Malasia. Sin embargo, resulta que provengo de una larga línea de viajeros intrépidos: mi bisabuelo fue uno de los primeros malasios de ascendencia china en estudiar en el extranjero y mi abuela también estudió en Inglaterra, y relataba las múltiples ocasiones en que le negaron la entrada a varios hoteles y establecimientos por el color de su piel.

Esto está a años luz de mi realidad actual, en que mi pasaporte británico me brinda acceso sin restricciones a la mayoría de los países del mundo. También era mucho antes de la hiperglobalización de los viajes tal como la conocemos hoy, cuando basta con tocar el teléfono para reservar un viaje y usar Instagram y la IA para crear itinerarios completos. En la juventud de mi madre, las vacaciones requerían una planificación e investigación meticulosas, junto con una actitud audaz, ya que se aventuraba en lo relativamente desconocido.

Provengo de una larga línea de viajeros intrépidos: mi bisabuelo fue uno de los primeros malasios de ascendencia china en estudiar en el extranjero

Four people posing on a boat with a scenic lake and mountains in the background, dressed in suits and smiling.

La madre de Gina de vacaciones en el lago Como con sus hermanos en 1987

Y, sin embargo, allí estaban en los años 80, disfrutando de una aventura que todavía me parece extraordinaria: un recorrido por Europa que incluyó una estancia en el opulento Grand Hotel Tremezzo, en el lago Como, regalo de una tía generosa. En una foto en particular, mis tíos posan sobre el balcón de su habitación de hotel, con sonrisas tan amplias como las del gato de Alicia en el país de las maravillas; en otra, mi madre mira amorosamente el lago mientras rodea la piscina en la cercana Villa d’Este.

A diferencia de la infancia de mi madre, la mía estuvo llena de movimiento y exploraciones transcontinentales. Nuestras vacaciones familiares dieron forma a algunos de mis recuerdos infantiles favoritos, como devorar helado mientras deambulaba por las calles empedradas de Siena, pedir comida en la habitación a las 4 de la madrugada en Hong Kong a causa del jet lag, y romper récords de pasos al recorrer los famosos museos y galerías de Nueva York.

Estas vacaciones revelaron un mundo mucho más grande que la ciudad donde crecí y me mostraron que viajar es puro descubrimiento. Mis padres eran viajeros ávidos, llenos de curiosidad y coraje, a menudo navegando espacios que no siempre les eran amables. Sin embargo, a pesar de toda la curiosidad que absorbí de ellos, a menudo me sentía cohibida al viajar por Europa (e incluso dentro del Reino Unido) cuando era niña. Todavía recuerdo un viaje a una zona remota de Gales donde nos miraban como si fuéramos extraterrestres.

Two people posing in front of a grand building with manicured gardens, overlooking a lake and mountains under a clear sky.

La familia de Gina se alojó en el opulento Grand Hotel Tremezzo, a orillas del lago Como.

Two people stand on a balcony overlooking a scenic view of a lake and mountains, with buildings and a road below.

Estas vacaciones revelaron un mundo mucho más grande que la ciudad donde crecí y me mostraron que viajar es puro descubrimiento

Aerial view of a coastal road lined with parked cars, buildings, and a patio with an umbrella overlooking a body of water.

Más de treinta años después de esas fotos borrosas de mi madre y mis tíos en el lago Como, mi hermana y yo nos encontramos en el mismo lugar y nos alojamos en el mismo hotel: el Grand Hotel Tremezzo. Este giro total de la situación no me pasó desapercibida; en algún momento mi familia pudo haber sido una anomalía por el color de su piel, pero ahora la dirección del hotel me invitaba a reseñar el hotel como escritora de viajes.

El hotel era tan glamuroso y reluciente como lo había imaginado y el lago Como, aún más espectacular. Las vistas sobre el largo eran dramáticas, regias y silenciosas. El sol brillaba sobre el cuerpo de agua, que estaba rodeado por montañas y pueblos coloridos en cada rincón. Mientras recorríamos la serpenteante ribera en taxi, me quedé sin aliento ante su inmensidad. Al mismo tiempo, la figura del Grand Hotel Tremezzo lleva mucho tiempo siendo sinónimo del lago mismo: la gran dama que ha bordeado sus orillas durante más de un siglo, con toldos naranja brillante ondeando contra su fachada de amarillo mantequilla. Una piscina flotante se mecía en el lago frente al hotel, enmarcada por parasoles a rayas como bastones de caramelo.

Nuestros tres días allí se desarrollaron con alegre exuberancia, desde degustar risotto infusionado con azafrán (¡y espolvoreado con pan de oro, ni más ni menos!) hasta navegar por el lago en una elegante lancha Riva y pasar mañanas tomando espresso en nuestro balcón, elevado sobre el agua. La estancia fue nada menos que gloriosa: una escapada veraniega bañada por el sol que me hizo sentir como si viviera el sueño de Slim Aarons. Visitar el lago Como fue, en ciertos sentidos, un acto silencioso de desafío: que me invitasen a reseñar un hotel que una vez pudo hacer sentir cierta hostilidad a mis ancestros da buena cuenta de ello.

Two people stand by a pool with a scenic backdrop of mountains, palm trees, and a lake. Flags are visible, and the sky is partly cloudy.

Visitar el lago Como fue, en ciertos sentidos, un acto silencioso de desafío: que me invitasen a reseñar un hotel que una vez pudo hacer sentir cierta hostilidad a mis ancestros da buena cuenta de ello.

La foto sirve como recordatorio de que no siempre seremos bienvenidos donde vayamos, pero eso no debe detenernos. No crecemos a menos que viajemos, y eso no tiene que significar cruzar un océano o subir a un avión; puede ser tan simple como viajar a otra ciudad o a otra región del país. Viajar es salir de nuestra zona de confort y ampliar nuestras perspectivas; aprender sobre otras culturas y comprenderlas. Explorar nuevos paisajes, probar diferentes comidas, interactuar con personas que tienen un aspecto totalmente distinto al nuestro y hablan en lenguas que no entendemos (y aun así respetarlas). Las sonrisas y la amabilidad son universales, y aunque a veces me siento intimidada o no bienvenida en lugares desconocidos, es la curiosidad profunda por descubrir y crecer la que me impulsa hacia adelante. Comparado con lo que tuvieron que soportar mis ancestros, estos desafíos son mínimos, y me siento profundamente privilegiada de experimentar el mundo de esta manera.

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