Muchos soñamos con dejar atrás la rutina y desaparecer en algún lugar tranquilo y apartado. Para Liz Seabrook, fotógrafa afincada en Londres, ese deseo se hizo realidad cuando se tomó un mes entero para recorrer en bici las Hébridas, en Escocia. A menudo acampaba al aire libre, y seguía el camino según le dictaba el momento.
Para una fotógrafa que suele centrar su trabajo en las personas, estar tan alejada y pasar tanto tiempo sola supuso un verdadero cambio con respecto a lo habitual. «Me gusta tener una excusa para mirar el mundo de otra persona y ver cómo funciona y cómo viven los demás. Creo que suelo contar historias de otras personas, no creo que mi historia aparezca mucho en todo eso. Salvo en este viaje, que fui solo yo, conmigo misma, durante un mes».
La experiencia resultó mucho menos estructurada de lo que ella misma había previsto. Al principio pensó que conocería gente por el camino y que podría retratarlos. Pero al final no fue así: en lugar de eso, se volcó en algo mucho más parecido a un diario con su cámara.
«Empecé convencida de que haría retratos de todas las personas que me encontrara. Pero no lo hice. Simplemente no me apetecía», cuenta. Apenas coincidió con otros viajeros, y cuando lo hizo, eligió no romper el hechizo de ese instante con una foto.