Guías

Crea un recuerdo conmigo: un viaje familiar a Noruega

La fotógrafa y estilista gastronómica Milly Kenny-Ryder reflexiona sobre un viaje mágico a través de la Noruega invernal

Smiling woman with long brown hair, wearing a light-colored top, looking slightly to the side against a plain background.

Milly Kenny-Ryder

Redactora y fotógrafa

17 Mar, 20264 min

Crea un recuerdo conmigo: un viaje familiar a Noruega
Crea un recuerdo conmigo: un viaje familiar a Noruega

Antes de tener hijos (y antes del Covid), solía viajar casi todos los fines de semana, descubriendo ciudades europeas poco comunes y destinos únicos. Ahora viajo con un dos acompañantes permanentes (¡bueno, tres si contamos a mi marido!), así que mi capacidad y mi deseo de viajar han evolucionado, haciendo que los viajes que emprendo cuenten de verdad. Elegir un lugar o un hotel no depende de sus opciones para familias, pero sí quiero que mis hijos se sientan inspirados, educados y aceptados en el lugar elegido.

Noruega en Año Nuevo me pareció una idea mágica: fría y oscura, pero maravillosa. Siempre estoy dispuesta a un reto, que en este caso consistía en ponerles a los niños suficientes capas de ropa como para soportar temperaturas de -13 °C (¡gracias, Uniqlo Heattech!) y coger varios vuelos para llegar a una de las regiones de fiordos del país. Cuando a principios de diciembre vi la lista de Navidad de mi hijo mayor con la palabra «nieve» escrita, me obsesioné con la idea y empecé a buscar vuelos a Oslo.

Contraté los servicios de 62Nord, una lujosa empresa de viajes noruega que ofrece fantásticos itinerarios por la costa oeste de Noruega. Tienen tres hoteles muy distintos en su colección: empezamos por el más accesible, el Hotel Brosundet en Ålesund; luego nos aventuramos por agua hacia el histórico refugio de montaña Union Øye; y finalmente, un retiro en el bosque en el elegante Hotel Storfjord. Parecía un tríptico de hoteles donde el trayecto entre ellos era tan estimulante como las estancias propiamente dichas. Holga decir que regresé a casa con el carrete de la cámara desbordado y quería recordar el viaje con un álbum físico de fotos que mis hijos pudieran disfrutar hojeando juntos. Un fotolibro de Popsa era la forma perfecta de recopilar y celebrar las vacaciones en papel.

Capturar el viaje

Visitar un paisaje épico por primera vez resulta muy abrumador para un fotógrafo. Tengo que recordarme a mí misma que debo soltar la cámara a veces y disfrutar de las vistas de primera mano, en lugar de hacerlo únicamente a través del objetivo. Las regiones remotas de Noruega en invierno no podrían ser más diferentes de mi entorno cotidiano en la ajetreada y bulliciosa Londres, y eso me obligó a ser más reflexiva e intencionada con las fotos que hacía.

Tuvimos la suerte de encontrarnos con una tremenda tormenta de nieve durante nuestro viaje y el suelo pronto quedó cubierto por una espesa capa blanca. Con la luz del día (y solo hay tres o cuatro horas en esta época del año), el cielo era mayoritariamente de un tono gris pálido polvoriento; la falta de contraste en esta paleta natural era difícil de capturar. Me aseguré de que hubiera un punto de interés llamativo en la toma, ya fueran mis hijos con sus chaquetas de colores brillantes bajando en trineo por las colinas, o una encantadora cabaña tradicional que lucía austera y solitaria a lo lejos. Dentro de los acogedores hoteles, la iluminación era totalmente distinta: tonos cálidos similares y materiales oscuros y suntuosos. Para las fotos de interior, me centré en tomarlas durante las horas de luz, confiando en la claridad natural de las ventanas y en el resplandor de las gigantescas chimeneas abiertas. Uno de los momentos que disfruté más fotografiando fue uno en que mis hijos aparecían jugando y sorbiendo chocolate caliente cremoso en el histórico hotel Union Øye. ¡Afortunadamente, estaban demasiado concentrados en sus deliciosas bebidas como para moverse, lo que facilitó las fotos!

Normalmente, el tema principal de mi fotografía es la comida, bodegones estáticos o apetitosas fotos de acción de alguien comiendo. Pero en Noruega el paisaje era tan impactante que me descubrí más interesada en fotografiar la naturaleza: la quietud de los profundos y oscuros fiordos y las majestuosas montañas cubiertas de nieve. Sentí la necesidad de capturar las escenas exactamente como las veía para mostrarles a los niños la prueba en los años venideros; su entusiasmo era muy contagioso, y yo sabía que era poco probable que volviéramos a ver paisajes nevados como estos en casa, en Londres. Logísticamente, era difícil trabajar en el exterior porque llevaba múltiples capas, guantes y trataba de proteger mi equipo fotográfico de las duras condiciones climáticas, pero este desafío hizo que los resultados fueran aún más gratificantes.

Convertir las fotos en un fotolibro de Popsa

Cuando volvimos a casa y finalmente pudimos guardar los guantes, la ropa térmica y las botas de nieve, me centré en qué hacer con los cientos de imágenes que había tomado. Noruega me pareció demasiado especial para ver esas fotos solo en mi teléfono, especialmente porque muchos de los momentos pertenecían a mis hijos, quienes experimentan las fotografías de manera muy diferente a los adultos. Quería que pudieran volver a experimentar el viaje fácilmente, sin tener que deslizar o desplazarse por la pantalla, y que lo recordasen como una historia en lugar de una serie de imágenes desconectadas.

Elegí un fotolibro de Popsa porque el proceso me pareció refrescantemente sencillo después de un viaje tan complejo logísticamente. Subir las imágenes me llevó solo unos minutos, y rápidamente me decidí por un diseño limpio y atemporal que dejara que las fotografías hablaran por sí mismas. Organicé el libro cronológicamente, reflejando el viaje que habíamos hecho, desde nuestra llegada a Ålesund, pasando por los dramáticos fiordos que vimos en barco, hasta el tranquilo entorno forestal de Storfjord. Ver el viaje desplegarse página a página me hizo recordar detalles que ya empezaba a olvidar: la tenue luz invernal, el contraste entre los paisajes salvajes y los interiores acogedores, y la magnitud del escenario comparada con nuestra pequeña familia dentro de él.

También me encantó poder mezclar amplias fotos de paisajes con momentos familiares íntimos: botas nevadas junto a la puerta de un hotel, mejillas sonrojadas tras horas a la intemperie, tazas de vino caliente a medio terminar. Diseñar el álbum fue como un acto final de reflexión que me permitió bajar el ritmo, editar con intención y dar a los recuerdos un hogar permanente. Transformó el viaje de algo que habíamos hecho en algo que podíamos conservar.

El final del trayecto

Aunque gran parte de mi vida laboral es digital, mi corazón sigue perteneciendo a las páginas impresas. Siempre he tenido una agenda de papel y si cree mi empresa de guías de viaje, Weekend Journals, fue para inspirar a la gente a viajar a través de un libro hermoso y táctil. Crear mi fotolibro de Popsa me permitió hacer una selección entre cientos de fotos de nuestro viaje a Noruega que, de otro modo, se habrían quedado enterradas en mi almacenamiento de iCloud. Pude seleccionar momentos y recuerdos clave y organizarlos en un formato físico maravilloso que toda la familia podrá atesorar durante años.

Productos destacados

Cargando…

Descargar la aplicación

Descubre recuerdos más rápido con funciones exclusivas como las del reconocimiento facial y los álbumes inteligentes.

App StoreApp Store
Descargar la aplicación